jueves 5 de noviembre de 2009

Algo de música

Algo de un genio llamado Richie Kotzen... Un saludo.





You can´t save me

I sold my soul
Just so I could feel paid
I broke my heart
So I couldn't feel pain
I lost my faith
'Coz I can't justify the wait
I've got no hope
That's only for losers and fakes

I'm nothing but user
And none abuser
You don't wanna know what's on my mind
I know I'm just a fool
but I'm not foolin',
I'm not afraid of make fool out of my self

Fuck your money
Fuck your fame
Fuck my life
I'll walk away
Fuck our love
Fuck I'm sorry for anything i've ever done

You can’t save me
You better keep yourself to someone else
Fading, I’m just fallin' into my condition
Faded, you better put your time in somethin’ else
Save me, but don’t worry about it now
Better save your-fucking-self

I lost my mind
Just so I could escape
I still got time
But I know, is too late
I still got friends
To tell me I'm ok
I still alive
But I keep on testing fate

I'm nothing but user
And none abuser
You don't wanna know what's on my mind
I'm nothing but a fool
but I'm not foolin'
I'm not afraid of make fool out of my self

Fuck your money
Fuck your fame
Fuck my life
I'll walk away
Fuck our love
Fuck I'm sorry for anything i've ever done

You can't save me
You better keep your self to someone else
Faded
I'm just fallin' into my condition
Failed, you better put you time in something else
Save me, but don't worry about it now, you better save
your-fucking-self

Try just a little, understand what I'm telling you
I'm not what you think
Start it off
Do the right thing
Life got in the way
You don't know what to say
I'm not asking why

You can’t save me
You better give yourself to someone else
Fading, I’m just fallin’ into my condition
Faded, you better put your time in somethin’ else
Save me, but don’t worry about it now
Better save your fuckin’ self

La mentira de Luis Brito

Hola; después de leer lo que he leído en La Provincia, todavía no sé cómo es posible que pueda escribir con suficiente cordura.

Resulta que, ante los recortes severos que ha hecho la consejera de educación, Milagro Luis Brito, ésta ha salido a la palestra, i. e. el Parlamento Canario, diciendo que es mentira eso de que estos recortes afecten a la sustitución y su eficacia.

Y esto lo dice después de que en el cole en el que trabajo no hayan suplido a una compañera que está de baja por enfermedad por un tiempo que ya supera el mes y medio. Y a principio de curso.

Y, aunque no pasa en este centro, ya no hablemos de la falta de recursos que poseen otros muchos, viniendo de una administración que "apuesta" por las nuevas tecnologías y por la calidad. Olé.

Esto demuestra una vez más la hipocresía y los verdaderos intereses, no ya del Gobierno canario, sino en general de toda la Administración pública (el fracaso es en toda España); del poco valor que se le aporta a la educación y del pasotismo ante temas que a lo mejor no se tratan mucho como son las horas libres de los alumnos, horas libres causadas por estas medidas (mes y medio de horas libres), que de austeras no tienen nada, pues el dinero recortado se va a otras cosas, a saber.

Por que esa es otra. A dónde va a parar el dinero del Estado, en el que se ha hecho un esfuerzo por seguir dando presupuesto a la Educación, como para hacer esos recortes.

Me pregunto hasta cuándo vamos a tener que seguir con este gobierno...

Un saludo. Pablo.

martes 3 de noviembre de 2009

Algo de Francisco Ayala

Hola; no hace falta decir que nos deja algo de historia de la literatura. Algo de Francisco_Ayala, tras unos merecidos 103 años de existencia. Vamos a ver qué perlas nos dejó, aparte de sus obras:

El arte, como proceso espiritual, como actuación, consiste en desprender de la realidad una apariencia orientada por la brújula del sentido estético, no de otro modo que la máquina del fotógrafo desprende una apariencia exactísima, y, sin embargo, independiente, de los objetos colocados en su campo. El toque del arte consiste en herir a la Naturaleza en su talón de Aquiles, en ese punto vulnerable, sensible, cuyo contacto -así también en la mujer; así en la caja de caudales- basta a lograr la apertura de su entraña estética.

Nos ha tocado a nosotros sondear el fondo de lo humano y contemplar los abismos de lo inhumano, desprendernos así de engaños, de falacias ideológicas, purgar el corazón, limpiar los ojos, y mirar al mundo, con una mirada que, si no expulsa y suprime todos los habituales prestigios del mal, los pone al descubierto y, de ese modo sutil, con sólo su simple verdad, los aniquila.

El verdadero ejercicio intelectual no consiste en seguir modas, sino en encararse con las dificultades de la propia época"


Estos fragmentos han sido escogidos de un blog.

Un saludo. Pablo.

viernes 30 de octubre de 2009

Estudiar obligatoriamente hasta los 18

Hola; creo que ya no es nueva la noticia de que el actual ministro de educación se plantee una educación obligatoria hasta los 18. Ha salido en varios medios, como por ejemplo, en yahoo.es.

El caso es que Ángel Gabilondo apunta a la falta de flexibilidad del sistema educativo actual y echar un ojo en Bachillerato, sobre todo en su obligatoriedad.

A mi parecer, la obligatoriedad por la que un alumno estudia hasta los 18 años debe analizarse bien. Si se trata de la chapuza de la ESO, que mezclan a todos los alumnos y los meten en un mismo saco, sinceramente, que la cosa se quede igual.

Si se crea una bifurcación entre el Bachillerato y la FP, en la que los alumnos están obligados a escoger un oficio o a seguir estudiando, genial.

Eso sí, en el pacto de la educación, el enfoque de los problemas no deben resolverse solamente en Bachillerato, sino en ese cajón desastre que es la ESO.

jueves 29 de octubre de 2009

Cómo subir una montaña

Hola; nunca me he leído un libro de Paulo Coelho, aunque algún día lo haga; eso sí, Eli me ha pasado un texto que me parece miu indicado para aquellos que tienen retos, metas, montañas a las que escalar. En definitiva, proyectos de verdad. Espero que les animen.


Manual para subir montañas



1. Escoge la montaña que deseas subir: no te dejes llevar por los comentarios de los demás, que dicen “ésa es más bonita”, o “aquélla es más fácil”. Vas a gastar mucha energía y entusiasmo en alcanzar tu objetivo, y por lo tanto eres tú el único responsable y debes estar seguro de lo que estás haciendo.

2. Sabe cómo llegar frente a ella: muchas veces, vemos la montaña de lejos, hermosa, interesante, llena de desafíos. Pero cuando intentamos acercarnos, ¿qué ocurre? Que está rodeada de carreteras, que entre tú y tu meta se interponen bosques, que lo que parece claro en el mapa es difícil en la vida real. Por ello, intenta todos los caminos, todas las sendas, hasta que por fin un día te encuentres frente a la cima que pretendes alcanzar.

3. Aprende de quien ya caminó por allí: por más que te consideres único, siempre habrá alguien que tuvo el mismo sueño antes que tú, y dejó marcas que te pueden facilitar el recorrido; lugares donde colocar la cuerda, picadas, ramas quebradas para facilitar la marcha. La caminata es tuya, la responsabilidad también, pero no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho.

4. Los peligros, vistos de cerca, se pueden controlar: cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a lo que te rodea. Hay despeñaderos, claro. Hay hendiduras casi imperceptibles. Hay piedras tan pulidas por las tormentas que se vuelven resbaladizas como el hielo. Pero si sabes dónde pones el pie, te darás cuenta de los peligros y sabrás evitarlos.

5. El paisaje cambia, así que aprovéchalo: claro que hay que tener un objetivo en mente: llegar a lo alto. Pero a medida que se va subiendo, se pueden ver más cosas, y no cuesta nada detenerse de vez en cuando y disfrutar un poco del panorama alrededor. A cada metro conquistado, puedes ver un poco más lejos; aprovecha eso para descubrir cosas de las que hasta ahora no te habías dado cuenta.

6. Respeta tu cuerpo:
sólo consigue subir una montaña aquél que presta a su cuerpo la atención que merece. Tú tienes todo el tiempo que te da la vida, así que, al caminar, no te exijas más de lo que puedas dar. Si vas demasiado deprisa, te cansarás y abandonarás a la mitad. Si lo haces demasiado despacio, caerá la noche y estarás perdido. Aprovecha el paisaje, disfruta del agua fresca de los manantiales y de los frutos que la naturaleza generosamente te ofrece, pero sigue caminando.

7. Respeta tu alma: no te repitas todo el rato “voy a conseguirlo.” Tu alma ya lo sabe. Lo que ella necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo. De nada sirve una obsesión para la búsqueda de un objetivo, y además termina por echar a perder el placer de la escalada. Pero atención: tampoco te repitas “es más difícil de lo que pensaba”, pues eso te hará perder la fuerza interior.

8. Prepárate para caminar un kilómetro más: el recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que pensabas. No te engañes, ha de llegar el momento en que aquello que parecía cercano está aún muy lejos. Pero como estás dispuesto a llegar hasta allí, eso no ha de ser un problema.

9. Alégrate cuando llegues a la cumbre: llora, bate palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allá en lo alto (porque allá en la cima siempre hace viento) purifique tu mente, refresca tus pies sudados y cansados, abre los ojos, limpia el polvo de tu corazón. Piensa que lo que antes era apenas un sueño, una visión lejana, es ahora parte de tu vida. Lo conseguiste.

10. Haz una promesa: aprovecha que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías, y dite a ti mismo que a partir de ahora, y durante el resto de tus días, la vas a utilizar. Y, si es posible, promete también descubrir otra montaña, y parte en una nueva aventura.

11. Cuenta tu historia: sí, cuenta tu historia. Ofrece tu ejemplo. Di a todos que es posible, y así otras personas sentirán el valor para enfrentarse a sus propias montañas.

miércoles 28 de octubre de 2009

Sin palabras

Pues nada, después del famoso programa Curso del 63, hubo un documental sobre los problemas en educación. Entrevistaron a tdo tipo de personas y entre ellos, esta chica que ha salido en el programa Sé lo que hicisteis.

Juzguen ustedes mismos. Sólo les digo que este fenómeno está en un aumento imparable.

Saludos.

domingo 25 de octubre de 2009

Un artículo sobre educación, Mal de escuela

Hola; hoy salió en el periódico La Provincia un artículo de García Ramos llamado Mal de Escuela. En él se habla sobre el papel del profesor en el aula y de factores que deben estar presentes en los docentes para que salgan adelante aquellos alumnos que, a priori, parecen casos perdidos.

Ante este artículo, tengo que hacerme autocrítica, por que, aunque me encanta la literatura e intento transmitirle el gusto, me queda mucho por aprender en cuanto a las estrategias que permiten llegar a todos los alumnos en cuanto a la materia se refiere. Yo, y unos cuantos docentes más.

Un saludo y copio y pego este artículo, que no está nada mal.

Saludos. Pablo.

Mal de Escuela

Juan Manual García Ramos


El libro me lo hizo llegar un amigo no docente. "¡Toma, a ti te servirá más que a mí!"

El título era ya atractivo: Mal de escuela, y venía avalado por la obtención del prestigioso premio literario francés Renaudot en su convocatoria de 2007.

El autor era un viejo amigo: el novelista galo Daniel Pennac (Casablanca, 1944), de quien conocíamos un antimanual de literatura: Como una novela, 1992, donde el autor comenzaba aclarándonos algo elemental pero muy de agradecer: "El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo amar, el verbo soñar..." Y algo más: la lectura consiste en abstraernos del mundo para encontrarle sentido a ese mismo mundo.

Mal de escuela parece un homenaje sincero a todos los alumnos zoquetes que en el mundo han sido, aunque Pennac base sus argumentos en su experiencia personal como pésimo alumno de primaria y de secundaria convertido más tarde y durante veinticinco años en un excelente profesor de lengua y literatura en los liceos parisinos.

Mal de escuela es un libro de indudable ayuda para todos aquellos y aquellas que hoy día tienen que subirse a una tarima y enfrentarse a treinta o cuarenta adolescentes perfectamente dispuestos a no hacer ni puto caso de lo que se les dice acerca de la importancia de la gramática (sin duda, la primera herramienta del pensamiento organizado) y de la literatura en este mundo tan tecnológicamente diseñado.

Mal de escuela es un instrumento muy útil para salir de los muchos atolladeros que la enseñanza secundaria de nuestro tiempo plantea a sus esforzados profesionales, muchos de ellos prejubilados ansiosos o carne de depresiones sin fin. Es, además, una demostración de los muchos problemas comunes que comparten los distintos países de esta parte del planeta. La experiencia docente del profesor francés Daniel Pennac es perfectamente transferible a cualquiera de los institutos españoles actuales.

En las páginas de Mal de escuela, su autor nos traslada hasta los orígenes de una enseñanza pública, laica, obligatoria y gratuita, obra de un ministro de Instrucción de la Tercera República francesa desde 1879 hasta 1882, Jules Ferry, que también intervendría en la regulación de la Ley del divorcio y en la instauración de las libertades de prensa, de reunión y de asociación.

Una enseñanza pública, laica, obligatoria y gratuita que la conciencia francesa de aquellos años reclamaba por boca de un escritor tan imprescindible e ilustre como Víctor Hugo. En sus diarios elaborados a lo largo de toda su vida y aparecidos bajo el rótulo de Cosas vistas, el autor de Los miserables reflexionó sobre lo divino y lo humano y, desde luego, no dejó de referirse a la educación de su siglo XIX. Allí nos dejó dicho: "El derecho del niño es ser un hombre; lo que hace al hombre es la luz; lo que hace la luz es la instrucción. De modo que el derecho del niño es la instrucción gratuita, obligatoria".

Pennac usa todos estos antecedentes históricos para aclararnos que, en ese siglo XIX tan lejano, la familia se encargaba de la educación del niño y la escuela de su instrucción. Dos mundos que, en aquellos momentos, estaban incomunicados, con responsables distintos: el entorno familiar, por un lado; el Estado y su ministerio, por el otro.

Hoy Educación e Instrucción se han confundido y han terminado por confundir al profesional de la enseñanza, especialmente en los tramos académicos de secundaria, donde el problema se ha disparatado para padres, madres, profesores y gran parte de los alumnos, que quieren huir de la quema pero son apresados por el humo tóxico del ambiente.

Pennac tiene algunas cosas muy claras, y nosotros coincidimos con él sin ningún esfuerzo, todo lo contrario: "Siempre he pensado que la escuela la hacen, en primer lugar, los profesores". Y con la gran sinceridad que caracteriza todas las páginas de Mal de escuela, el desastroso alumno que fue Pennac en su primaria y secundaria se confiesa: "¿Quién me salvó a mí de la escuela, sino tres o cuatro profesores?"

El limitado ex alumno Pennac dedica páginas hermosas a homenajear a esos tres o cuatro veteranos de la tiza que lo salvaron del desastre de su formación y enumera las virtudes que los caracterizaban como guías de adolescentes descarriados. En primer lugar, insiste Pennac, estos docentes jamás soltaban a sus "presas", a esos estudiantes que se evadían de sus obligaciones con una agilidad casi felina. Insistían una y otra vez en sacarlos del pozo de su pereza, de su indolencia, de su poca estima, de su distracción crónica. En segundo lugar, alaba Pennac en estos profesionales su condición de "artistas". Artistas en la transmisión de su materia. "Sus clases eran actos de comunicación, claro está, pero de un saber dominado hasta el punto de pasar casi por creación espontánea. Su facilidad convertía cada hora en un acontecimiento que podíamos recordar como tal".

Según Pennac, esos profesores distinguidos compartían con sus alumnos tarambanas no sólo su saber, sino el propio deseo de saber; comunicaban con mimo el gusto por transmitir saber, algo muy decisivo en toda aula.

Pero Mal de escuela empieza con la historia de un niño Pennac acosado por el miedo a no dar la talla en su pupitre, y por los síntomas del fracaso presentido: ensoñación, dispersión, hipocondría, nerviosismo, taciturno deleite, cambios de humor, jeremiadas? Y algo más: pérdida de confianza en uno mismo, renuncia a cualquier esfuerzo, incapacidad para la concentración, mitomanía, constitución de bandas (la tribalización de la nulidad), alcohol, drogas?

Con todas esas circunstancias se encuentran los profesores de hoy día, además de con el consabido consumismo y la revolución tecnológica, con la que algunos piensan resolver todo: un ordenador para cada alumno. Un ordenador para el caos generalizado. El zoquete mirando alelado la pantalla de su portátil recién encendido. Viva la información, abajo el conocimiento.

Y en medio de toda esta marejada, la nave soberbia del culto a la juventud: hay que ser joven, consumir joven, envejecer joven, la moda es joven, el fútbol es joven, la radio es joven, las revistas son jóvenes, la publicidad es joven, la tele está llena de jóvenes, Internet es joven, el famoseo es joven, la política es de la juventud.

Mal de escuela es un tratado de arqueología de los últimos cincuenta años de inepcia occidental trasladada al mundo de la educación. La Logse que todos, padres, alumnos, profesores, hemos padecido sin inmutarnos, aunque los resultados hayan sido tan catastróficos.

Lo cuenta Daniel Pennac, un mediocre ex alumno de primaria y secundaria, un profesor adorado por sus alumnos y un novelista respetable. Vale la pena no perderse las páginas de Mal de escuela. Yo lo convertiría en un manual obligatorio para todos aquellos y aquellas que estén dispuestos a inmolarse en los institutos de nuestros días. Conociendo a fondo el listado de errores que hemos cometido, quizás podamos remediar algo la hecatombe.