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Blog misceláneo de Pablo Alemán (textos sujetos al derecho del autor)

jueves, 2 de marzo de 2017

Arte que oxigena el tiempo

Hay libros que parten en dos el tiempo. Libros que marcan un antes y un después dentro de la historia de la literatura. Entre estos se encuentra uno al que no volvemos desde hace muchísimo tiempo. Hablo de La flores del mal de Charles Baudelaire.

Los que saben de literatura, los que la han estudiado, leído y saboreado, saben "qué es este libro" dentro del marco cultural y social de la época en que fue concebido. No solo se trata de un poemario al uso (creado y diseñador por primera vez como tal), sino que introdujo una nueva manera de escribir y de leer poesía y abrió todo un caudal de temas que, antes de su publicación, era inimaginable que salieran en un soneto, por muy satírico o jocoso que fuera.

Aquí, en un acto de rebeldía, se rompieron muchos moldes. De la mujer rubia, con el cuello blanco y los ojos azules se pasó a otro canon muy distinto, teniendo que ver con la vida del poeta ("A una dama criolla"). De escribir sobre la belleza se pasó a lo repugnante ("La carroña"). Del amor constante al amor efímero ("A una transeúnte"). De lo heterosexual a lo homosexual ("Mujeres condenadas"). De la actitud estoica sobre la vida a la alabanza de los placeres prohibidos . De la exaltación de lo cristiano se pasó a su propia negación ("Las letanías de Satán").

Dicho esto, fue normal que en 1857 pasase por la censura y que se le suprimiera seis poemas en su primera edición. Hay que entenderlo: Salió a la luz en medio de una sociedad decadente, marcada por el Positivismo decimonónico de aquel entonces, una especie de anquilosamiento de las clases sociales cuyas costumbres se fueron arraigando a través del tiempo y llegaron a afectar a un marco cultural que necesitaba necesariamente una renovación estética o, dicho metafóricamente, de abrir sus ventanas para oxigenar un cuarto que se iba llenando de moho, humedad y polvo sin que se dieran cuenta.

El libro, como les indico, fue censurado, pero, en el fondo, realizó su función: Partió el tiempo, cambió el mundo y con ello comenzó una renovación estética que ya se hacía necesaria. Queda como anécdota que, aún así, este poeta, este artista, quedó como un poeta maldito, un verdadero paria de la literatura universal que dejó una impronta inevitable para los futuros escritores de todos los rincones del planeta. 

Actualmente, en pleno siglo XXI, con 160 años de diferencia, habría que preguntarse, de cuestionarse, si Charles Baudelaire, con semenjante obra, sacudiría el polvo dentro de la sociedad actual. Si, con un poema transgresor como "La negación de San Pedro", vendría algún obispo a poner el grito en el cielo o movilizaría a un conjunto de abogados cristianos para amedrentar sus palabras.

Porque esta es una de las funcionalidades del Arte (entre las miles que pueden haber), la de oxigenar, darle empuje, crear algo distinto, replantearse lo establecido, lo anquilosado, aunque con ello se tenga que transgredir y romper sensibilidades dentro de su marco cultural y artístico, dentro de un foro permitido que cultive la creatividad pura.

Es llamativo cómo, si volvemos la vista, el Arte con mayúsculas y la Sociedad se separan en diferentes estapas históricas por las características mismas de ambas. Hablamos del Siglo de Oro junto a la decadencia de los últimos Austrias, de la poesía bequeriana y la narrativa galdosiana frente al convulso siglo XIX y la Edad de Plata que se contrapone a una España pobre, violenta y caciquil. 

Habría que cuestionarse (menudo preguntón estoy hecho) qué le ocurre a veces a nuestra sociedad para que no sea tan tolerante y que muestren reacciones que pertenezcan más bien al siglo pasado y, quizás, al XIX. Qué pasa cuando, en una Gala de Carnaval (muy por debajo de la transcendencia baudeleriana), se rasguen las vestiduras al observar a un participante que, haciendo gala de su creatividad, use motivos religiosos para realizar su arte, su transgresión. 

Por que, sí, el Cristianismo es una religión y, como tal, todos tenemos derecho a procesarla con respecto y dignidad, pero no hay que olvidar que ésta también es una fuente cultural expuesta a su interpretación y crear sobre ella artísticamente, tanto o igual como cualquier tipo de mitología o religión habida y por haber. 

Y cuando hablamos de crear, lo decimos con la palabra libertad de manera implícita ya que esa es una de las cualidades del Arte, independientemente de la fe que procese el artista (esperen, he de decirles que los participantes de la Gala Drag realizaron, y realizan arte, sea comprendido o no).

No se llega a entender cómo es posible que nos sintamos dañados ante la aparición de una "virgen drag" cuando hay que comprender que su devoción es un elemento cultural muy fuerte dentro de las Islas hasta tal punto que la misma persona que se encuentra debajo de este personaje (el drag es un personaje, un desdoble junguiano al fin y al cabo) es también un ferviente seguidor de la religión cristiana. 

No se llega a entender cómo ocurre todo esto mientras nuestra sociedad está tan enferma que es capaz de aceptar a través de viñetas burlescas la justicia de chiste que tenemos, el nivel tan alto de corrupción, la gran cantidad de mujeres asesinadas y una guagua que insulta (sí, esto sí que insulta) a todas aquellas personas que poseen una condición sexual muy por fuera del canon social establecido. 

Podemos dejar de lado este debate y tomarlo como risa. Que vengan las viñetas graciosas. Pero no: A mí entender, lo que ocurrió este sábado fue un verdadero balonazo, un balonazo de oxígeno, una interpretación original y transgresora sobre un elemento cultural dentro de un contexto adecuado para ello. Una intepretación sin rayar la falta de respeto a sus feligreses, que, por cierto, es otra cosa muy diferente que nunca apareció en dicha actuación. 

Es hora, si me permiten una humilde recomendación, de oxigenarse y poco, y leer, bajo el prisma del Arte, un poco más a Baudelaire.

Saludos.
Pablo. 



La negación de San Pedro

Por cierto, ¿qué hace Dios de ese mar de anatemas
Que asciende día a día hasta sus serafines?
Como un déspota ahíto de viandas y de vinos,
Al dulce son de nuestras blasfemias se adormece.


Las quejas de los mártires y de los torturados
Son una sinfonía embriagante sin duda,
Ya que, pese a la sangre que cuesta su deleite,
¡Los cielos no parecen todavía saciados!


-¡Acuérdate, Jesús, de aquel Huerto de Olivos!
 Con suma sencillez oraste de rodillas
A quien allá en su cielo reía de los clavos
Que unos viles verdugos hincaban en tus carnes,


Cuando viste escupir en tu divinidad
 A la chusma del cuerpo de guardia y de cocina,
Y cuando tú sentiste penetrar las espinas
En tu cabeza donde habitaban los hombres,


Cuando aquel peso horrible de tu cuerpo quebrado
 Estiraba tus brazos tensados, y tu sangre
Y tu sudor corrían por tu pálida frente,
Cuando fuiste mostrado como blanco ante todos,


¿Recordabas los días tan brillantes y hermosos
En que a cumplir la eterna promesa tú viniste,
Cuando a lomos de mansa borrica recorrías
Los caminos sembrados de flores y ramos,


Cuando, henchido tu pecho de esperanza y valor,
 Azotabas con fuerza a viles mercaderes,

Cuando fuiste maestro? ¿No caló en tu costado
El arrepentimiento más hondo que la lanza?

-En cuanto a mí, es seguro que saldré satisfecho
De un mundo en que la acción no es hermana del sueño;

¡Ojalá mate a hierro y que a hierro perezca!
San Pedro renegó de Jesús… ¡hizo bien!
                                         (Charles Baudelaire, Las flores del mal, 1857)

2 comentarios:

  1. Cuando hablamos de literatura, de un libro importante o de uno que nos dejó huella, siempre la prosa está primero, casi nunca citamos poesía, solamente cuando recapacitamos o nos lo hacen notar y entonces nos acordamos de Tagore o Neruda y de nuestra juventud. A Baudelaire lo estudiamos, pero solo leímos lo que venía en el libro de texto. Hubo de pasar tiempo hasta que lo buscamos a él y a otros muchos a Verlaine o Alejandra Pizarnik. A veces creo que la poesía es como la zarzuela a la opera. Por eso tu entrada me ha gustado especialmente. Un abrazo y disculpas por la extensión.

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  2. ¿No se entiende? Me gustaría que esta sociedad nuestra hubiera avanzado, pero con tristeza compruebo que no, y, no sólo, en opiniones de altas instancias, sino en la gente que se quedó en un periodo de su vida a gusto y no quiere que nada cambie. A mí me gustó la "virgen drag", y también la opinión de la persona que iba debajo cuando la escuché ayer en televisión.
    Y también tu post.

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